#TBT38: “Soy una mezcla entre Ronaldo y Rivaldo», Paquetes en Blanquiazul – Capitulo I

En estos tiempos de tanta tensión y tanto cabreo de la afición por la mala marcha del equipo, me voy a permitir realizar un tbt algo más ligerito, hablando con un poco de sorna de aquellos jugadores que dejaron huella en el Deportivo, no por su rendimiento sino por el fracaso que supuso su fichaje para lo que se esperaba de él.

Me voy a centrar en los fichajes de jugadores extranjeros, sobre todo de “allende los mares”, que venían con buenos informes del representante de turno, y que terminaban por convertirse en el hazmerreir de la afición. Y también voy a hablar de algún acierto, que también hubo alguno.

Tras el descenso a Segunda División en la temporada 1972-73, el sueño del Deportivo era volver a ascender a Primera lo antes posible; y para ello intento reforzarse con muchos jugadores, llegados generalmente de Centroeuropa y Sudamérica, con un acierto tan escaso que se reflejó en los resultados, hubo que esperar 18 años para recuperar la categoría perdida.

En los años 70 llegaron bastantes jugadores de tierras americanas: los argentinos Juan Carlos, Cocco, Merlo y Ribolzi, el uruguayo Bartolotta (este venía del Oviedo) o el chileno Muñoz. Jugadores que llegaban al Deportivo con enormes expectativas y cuyo rendimiento dejó bastante que desear. De esta década sí quiero destacar a un jugador, el líbero argentino Juan Carlos Piris, un jugador con una gran calidad técnica y una buena salida de balón, y un especialista en las jugadas de balón parado, llegando a marcar bastantes goles para la posición en la que jugaba, concretamente 10 y 11 goles en dos de las temporadas que defendió los colores blanquiazules. Llegó a jugar 5 años en el Deportivo y sólo el descenso a Segunda B provocó su marcha en el año 1980 (por cierto, descenso de la mano del Celta). Era de lo poco bueno que había en esos años.

En la década de los ochenta los extranjeros llegaron al Deportivo en abundancia, y la mayoría sin justificar para nada su fichaje. Entre la larga nómina de fichajes quiero destacar algunos de los más curiosos:

  • El hondureño Zelaya, que llegó en la temporada 82-83, después de haberle marcado un gol a España en el Mundial 82, el primer gol que marcaba un hondureño en un Mundial. Pero llegó lesionado y no jugó ni un solo partido con el Deportivo.
  • El extremo peruano Huapaya, jugador con fama de habilidoso y técnico, pero que se regateaba a sí mismo y a su sombra…

En la temporada 86-87 el Depor acabó la liga regular en segunda posición, otras temporadas habría ascendido; pero ese año se inventaron un playoff, y para reforzar al equipo se fichó a un delantero tanque británico, Steel. Fue un auténtico fiasco, técnicamente era un tuercebotas, se le fichó para el juego aéreo, pero no hizo un solo gol en todo el playoff y era líder en provocar faltas en ataque.

Al año siguiente se fichó al argentino Arzubialde, que se le vendía como “el nuevo Piris”, pero fue otro auténtico fiasco, sólo duró un año en el club.

En la temporada 89-90 se trajo de tierras balcánicas a dos jugadores yugoslavos: Sredojevic y Batrovic. El primero de ellos era central y líbero, y cumplió bastante bien con las expectativas, sin alardes. Lo peor fue lo de Zoran Batrovic, que se suponía que era el fichaje estrella de ese año para, de una vez por todas, volver a Primera División; no sé si nos mandaron al hermano gemelo o al primo lejano, pero resultó ser un paquete incapaz de hacer un gol en los 8 partidos que jugó, hasta que Arsenio perdió la paciencia y lo mandó de vuelta a su tierra. Uno de los peores jugadores que ha vestido la camiseta blanquiazul, y ya es decir…

Como sustituto de Batrovic las buenas relaciones del recién llegado presidente Lendoiro con su homónimo del Oporto, Pinto da Costa, hicieron posible la llegada a A Coruña de un rápido delantero brasileño, Raudnei Anversa. Realizó una temporada bastante destacada, marcando bastantes goles, uno de ellos el de ida de la Semifinal de Copa contra el Valladolid, de infausto recuerdo para la afición deportivista.

De esta década me quedo con algunos buenos refuerzos, como el central y libre yugoslavo Milos Hrstic, muy elegante y contundente, precedente del gran Miroslav Djukic; el extremo inglés Brian Louie Donowa, rápido y habilidoso pero tremendamente irregular en su juego; un delantero búlgaro de nombre Stoyanov, que llegó al final de la temporada 89-90 y que sorprendió por su calidad técnica y su olfato de gol en los pocos partidos que jugó, pero al que le perdió la noche coruñesa, como a tantos otros; y sobre todo Martín Lasarte Arrospide, el bravo central uruguayo, protagonista del ascenso con el que se iniciaba la década de los noventa y de la agónica salvación de la temporada siguiente. Pero esa es otra historia, que trataré en un próximo capítulo.