#TBT35:“DEPOR ALÉ, AUNQUE ESTUVIERA EN SEGUNDA B” O POR QUÉ SIGO SIENDO DEL DEPORTIVO

Alguien pensará que no es el mejor momento para presumir de ser aficionado del Depor, pero yo no puedo ser de ningún otro equipo, por mis venas sólo corre sangre blanquiazul.

Soy del Depor desde muy pequeño y lo soy sobre todo gracias a mi padre. Él no era gallego, vino a vivir a A Coruña por temas laborales; pero era un enamorado del fútbol, y sobre todo del fútbol en directo, en el campo. Y una de las primeras cosas que hizo al llegar fue hacerse socio del equipo de la ciudad.

En esos tiempos el Deportivo era un equipo ascensor, que no paraba de subir y bajar de Primera a Segunda. Mi padre asistía de forma habitual a Riazor, no se perdía casi ningún partido; aunque lloviera, hiciera frío o el equipo estuviera en la cola allí acudía sin falta. Sabía que tenía una cita ineludible los domingos por la tarde cada 15 días, muchas veces para no ver nada, porque el espectáculo dejaba mucho que desear. Pero ahí estaba, en las duras, casi siempre, y en las maduras.

El que escribe esta crónica ya tiene una edad, y ha podido vivir tiempos peores al actual para nuestro club. Lo he visto jugar en Segunda B, y hasta un año en Tercera División (en esa época no había Segunda B); hemos estado a punto de desaparecer, y sólo el agónico gol de Vicente Celeiro contra el Rácing de Santander nos libró del descenso y la consecuente desaparición, por la deuda que soportaba el club en esos momentos.

En esa época sólo asistían al viejo Riazor de forma habitual unos 7000 espectadores, en un campo que era más grande que el actual, con esa sensación de ambiente frío, casi gélido, sin Riazor Blues que, como ahora, animaran y sirvieran de catalizador para el resto de la afición.

Y el Deportivo era un equipo que daba pocas alegrías, durante muchos años se intentó lograr el ascenso a Primera División, pero siempre fallábamos a última hora, por diversos motivos: errores propios, primas a terceros, arbitrajes nefastos, etc. Incluso había la cantinela de que los jugadores no querían ascender, ¡vaya usted a saber por qué…!

Una afición muy fría y muy crítica con los jugadores, sobre todo con los de casa. En Riazor se ha pitado a los mejores jugadores en distintas épocas: a Loureda, Manolete, José Luis, Jaime Agulló, Traba, Vicente… Esa frialdad cambió con la llegada de Lendoiro y los éxitos deportivos, donde Riazor era una fiesta. Después llegaron de nuevo las vacas flacas y se volvió a enfriar el ambiente, pero se recuperó en los últimos partidos del primer descenso de este siglo, cuando la afición fue consciente de que nos jugábamos algo muy importante, la supervivencia del club.

Esa afición, volcada con el equipo hasta en los peores momentos, ha sido y es un ejemplo en tantos campos, y que brilló con luz propia en tantos sitios. Por poner algunos ejemplos: en San Mamés cuando empatamos un partido perdido en el minuto 93; en el Camp Nou, cuando en el minuto 60 estábamos perdiendo 2-0 y en Segunda; o en Villarreal, soportando una grada lamentable, que más que grada parecía una pecera y aguantando un 0-0 agónico durante 90 y tantos minutos.

En estos malos momentos es cuando más hay que estar con el equipo. Tal vez no se lo merezcan la mayoría de los jugadores de esta plantilla; pero por encima de ellos está el escudo, los colores, el sentimiento blanquiazul, que hace que esperemos con ansia la llegada del partido siguiente para ver si por fin nos dan una alegría, aunque luego pocas veces nos la dan. Pasarán los jugadores, la directiva, los entrenadores, pero los que no van a pasar son los aficionados, que estoy convencido de que estarán mayoritariamente con el equipo para afrontar estos tiempos de penuria. Y no olvidemos que, de momento, seguimos en Primera División, que en el siglo pasado nos tiramos 18 años para recuperar la categoría.

En la extraordinaria película de Juan José Campanella “El Secreto de sus Ojos”, con referencias futboleras, como no podía ser de otro modo en un film argentino, el personaje de Ricardo Darín, que es agente judicial, está investigando el salvaje asesinato de una joven. El ayudante de Darín, personaje interpretado magistralmente por Guillermo Francella, obtiene las claves para saber donde se haya el asesino en una carta que éste envió a su madre; en ella descubre que los nombres que aparecen son jugadores del Rácing de Avellaneda, y localizan al asesino en un partido de “La Academia” (así llaman a Rácing en Argentina). Y hay una escena memorable protagonizada por el ayudante de Darín: “el tipo puede cambiar de todo, de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar, no puede cambiar de pasión”. Y el Depor es mi pasión, nuestra pasión, y uno no cambia de pasión…

¡Y EL DÍA QUE ME MUERA, YO QUIERO MI CAJÓOON…!