#TBT27: Posiblemente el mejor mediocentro de la historia del fútbol

Hoy voy a hablar de una leyenda del deportivismo, para mí el mejor jugador que ha pasado por el Deportivo. “Qué duda cabe” que ha habido mejores jugadores y hemos disfrutado de grandes goleadores, como Bebeto, Makaay o Diego Tristán; pero para mí nadie como don Mauro Silva Gomes, que conjuga rendimiento como jugador y cualidades como persona.

Un jugador que rechazó ofertas astronómicas de clubes como el Real Madrid o el Inter de Milán, entre otros, porque vivía muy a gusto en A Coruña, una ciudad pequeña y tranquila, en donde era muy valorado como futbolista y no tenía que soportar la locura mediática de Madrid o Milán.

Y es que no estamos hablando del clásico brasileño de favela, para quien el fútbol es un medio para salir de la pobreza. Mauro es una persona de familia acomodada y con estudios, y muy familiar, nada amante de las juergas nocturnas de otros brasileños y para quien lo más importante es la tranquilidad y el bienestar de su familia.

Todavía recuerdo su llegada: la temporada 1991-92 fue muy dura. Era el regreso del Deportivo a Primera después de 18 años de «Longa noite de pedra»; después de un año con más sinsabores que alegrías, nos vimos abocados a disputar una promoción de permanencia contra todo un Real Betis Balompié. En el partido de ida había un visitante anónimo en el palco de Riazor, un jugador de raza negra, que decían que era brasileño, y que se comentaba que si el Deportivo permanecía en Primera División firmaría por el Deportivo para las próximas temporadas. Nadie conocía a esa perla, que llegaba de un equipo brasileño totalmente desconocido, el Bragantino.

Desde su llegada enseguida se pudo comprobar que estábamos ante uno de los mejores mediocentros defensivos del mundo. Un portento físico que robaba balones como churros, la mayoría de las veces sin hacer falta, y que perdía poquísimos balones, y los protegía de tal forma que nadie era capaz de arrebatárselos si no era cometiendo una falta.

Es obvio que tenía carencias, lo suyo no era el disparo a puerta, sólo fue capaz de marcar un gol en los muchos años que jugó en el Deportivo; fue en Valencia, recogiendo un rechace a la salida de un córner. Pero ni falta que hacía, sus múltiples virtudes hacían innecesario que tuviera olfato de gol.

Me viene a la memoria un partido frente al Barça de Cruyff en Riazor, Jabo Irureta tenía dificultades para armar las bandas del mediocampo por problemas físicos y tarjetas de varios jugadores y recurrió a Mauro. Al principio parecía que el Depor salía con un trivote, junto a Sergio y Donato, pero en cuanto el árbitro dio el pitido inicial se pudo ver a Mauro jugar más pegado a la banda derecha. Ese día Mauro hizo un partidazo en un puesto que no es el suyo y todo un internacional español como Sergi Barjuán lo sufrió, incapaz de frenar sus internadas en casi ningún momento.

Podemos recordar otros partidos gloriosos del Deportivo y de Mauro Silva, como el del Centenariazo, en donde brillaron jugadores como Valerón, Diego Tristán o Víctor Sánchez; pero el trabajo sucio le correspondió a otros, liderados por un gran Mauro Silva, que fue quien tiró de galones y se echó el equipo a la espalda en el segundo tiempo, precisamente cuando más empujaba el Madrid en busca del empate. En ningún momento le quemaba el balón, lo robaba y lo jugaba con criterio, o lo aguantaba provocando las faltas “a la desesperada” de los jugadores merengues.

¡¡¡Y cómo olvidar ese histórico partido contra el Milán, en los cuartos de final de la Champions, en 2004!!! En ese partido el juego de Mauriño (como le llamaba el sabio raposo de Arteixo) destacó sobre todo en el segundo tiempo, cuando había que aguantar la jugosa renta de 3-0. Para eso contó con la colaboración inestimable de “jugones” como Valerón y Fran, que convirtieron el segundo tiempo en un rondo continuo y consiguieron desquiciar a jugadores de la talla de Seedorf, Kaká, Rui Costa o Pirlo. Qué lástima que una decisión injusta del árbitro en el partido de ida de semifinales en Oporto impidiese que jugara el de vuelta: le enseñaron una tarjeta amarilla por reclamar la expulsión del central Ricardo Carvalho, después de una entrada salvaje a Manuel Pablo, que el árbitro castigó únicamente con tarjeta amarilla.

Todavía resuenan en Riazor los cánticos de los aficionados, al son del «We Will Rock You» de Queen: «Mauro Mauro Silva, Silva…»

Un ejemplo como jugador y como persona, puedo decir con orgullo que sólo me compré la camiseta personalizada de un jugador del Deportivo y es la suya, con su nombre y el número 6 a la espalda.